23 de septiembre de 2011

Un duque que no resultó como el de la serie...





Cuando hace sol y la nube puñetera por mucho que intente esquivarla me quiere hacer compañía, intento acordarme de como hacía esos días en los que no sólo era una, sino dos, tres, cinco... las que me impedían ver el sol durante mucho tiempo.

Me acuerdo mucho de aquel día, de cuando dí mi cuerpo para sanar mi mente.
Recuerdo  aquellas mañanas, tardes, noches; sentada junto a la ventana con la mirada desorientada, ausente pensando en lo que había sido de mí durante ese año, no sabía qué decir  sólo tragaba saliva y lloraba de rabia  por haber arruinado una etapa de mi vida, sin yo haberme dado cuenta de ello. 
Salí victoriosa de ese combate y dejé aquel puesto de la ventana para otras personas. Aprendí tantas cosas de esta vida, tantas... Qué jamás podrán ser olvidadas.
Ahora viene el pero, lo he vuelto a pasar, he dado marcha atrás y me he sentido como en aquella etapa. Sumisa, dependiente de sentimientos, enganchada al cariño... y lo peor de todo he perdido nuevamente mi dignidad.
Lo único que pretendía era seguir sus pasos, no enfadarle,  hacer que gozara de mi aunque yo no pudiera hacerlo, enamorarle, no cagarla, sentirle, que no me levantara la voz, ni me tratara mal, que no me hablara como si fuera uno más, que me cuidara cuando estaba mal,que pensara en mi, en nosotros, en lo mucho que nos queríamos, en que cuando nos mirabamos había magia, que no existía nadie, nadie. Pero algo pudo más que eso.
Que cuando me viera llorar me quitara esas ganas con un simple abrazo,que tanto le costaba darme,  y que escuchara mis consejos, consejos que nunca quiso entender.