20 de diciembre de 2010

Cuando no das más de sí.





Sigo recordando ese momento, que sirvió bastante para que se aplacara mi angustia, y me sigue sorprendiendo cómo me introduje en esa situación tan desesperante. Sola, abatida, sin sentimiento alguno de estima hacia la vida. Me  hallaba enmedio de un laberinto ya no sólo mental sino físico, pretendía desbaratar todo lo que veía a mi alcance, para sentirme menos angustiada y no percatar nada que me fomentara a hacer cosas que realmente no quisiera hacer.

Desperté sin poder casi hablar, sólo oía a gente vocear mi nombre, y a él diciéndome, cariño ¡vamos cariño! era mi único estimulo, a pesar del dolor que sentía. Oprimía esa mano que nunca me soltó, mientras ese tubo se colaba y se escapaba desde mi nariz hasta mi estómago, ya no pude dormirme, con esa trompa en mi nariz era imposible cerrar los ojos.


Espero no volver a ver esa trompa es mi nariz nunca más...