28 de octubre de 2012

Ganas


        Me pasan tantas cosas por la cabeza que no me da ni tiempo a reaccionar.  Llevamos más de media hora metidos en el coche, mi cara está completamente inundada de lágrimas, no quiero seguir llorando, pero me quedo tan a gusto al hacerlo. 
Tú, en cambio sigues lejos de mi, mirando fijamente al frente con tics nerviosos. Sólo cuando agacho la cabeza y mi pelo tapa lo poco que puedes ver de ella, noto tu mirada, tus ganas de abrazarme, tus ganas de besarme, pero todo se queda en eso, en ganas.

Ganas de verme, pero no de quedarte. Ganas de besarme pero no de seguir. Ganas de abrazarme pero de soltarme rápidamente. Ganas de quererme, pero sin sentirlo. Ganas de estar conmigo, pero habiendo una distancia de por medio.
Ganas, que se convierten en cimientos fuertes, para lograr alzar ese castillo, en el que pueda coleccionar todas esas escenas, en dónde el protagonista eres tú, solamente tú.
Ganas que hacen que mi amor por ti,  se convierta en un trastorno, que solamente se calma,  al notar tu respiración cerca de mi nuca.
Dices que no quieres hacerme daño, pero ya lo haces al decirme eso, me dices que me tranquilice consiguiendo ponerme más nerviosa. Tu silencio consigue hacer eco a mis gritos, pidiéndote que me des lo que mis brazos gritan.

Sin quererlo, me doy cuenta de que el amar no tiene porque significar sufrimiento,  angustia, ni largas esperas. Cuando la embriaguez amorosa comienza a dejar de hacer mella en tu mente, comienzas a ver las cosas de otro color.

No porque ese chico, haya producido en ti un colapso sentimental, signifique que sea lo que te vaya a hacer feliz en un futuro no muy próximo. Y más, cuando tu presente lo nubla de momentos que se quedan en el intento de hacerlos posibles.



2 comentarios:

Anónimo dijo...

Te quiero enana...

Patricia Gómez dijo...

si supiera quien eres....