3 de enero de 2012

Como decirte...






Como decirte,  que me rompes cuando me dices que no. Como decirte, que  en cambio cuando oigo  un si tuyo, soy capaz de todo.

Sin embargo, tu mismo te encargas de dejarme sin aliento.
Cuando me pisoteas, consigues que retroceda en mi intento inútil de protegerme, de quererme; haciéndo que en un segundo todo mi mundo flaquee. 
Consigues que me odie cuando a quién debería odiar es a tí, consiguiéndo que te recuerde más al cabo del día, quedándome abstraída recordando aquellos días en los que tú y yo éramos una sola persona. 
Cuando me devorabas con la mirada, cuando me decías que nadie te había querido como yo. Cuando...
En fin, todo era tan verídico.


Pero de repente distorsionabas mi realidad,  pasaba de tocar el cielo a quedarme sin deseos de vivir por la caída tan brutal que me producía tu apatía.
Yo sólo deseaba que tuvieramos lo que muchas parejas se demostraban. 
Me quedaba largas horas quieta, desorientada, con la mirada perdida junto al paseo de aquella playa, sintiéndo celos de todo lo que veía  y ya no tenía, sin poder articular palabra alguna.
Supongo que te esperaba, esperaba oir tu voz, esperaba que me cerraras los ojos con tus manos y me besaras. Sin embargo, siempre me quedaba sola, aguardándo una presencia que finalmente, nunca llegaría. 
Sinténdo que sin tí nada de lo que mis ojos querían mostrarme tenía sentido.

Porque sin tí nada tenía sentido. Porque sólo te veía a tí, sólo quería mirarte a tí. Porque te miraba y me veía a mi. Porque cuando nos mirábamos, no faltaba decir nada. Porque no me importaba nada, sólo que mi cuerpo estuviese lo suficienteme cercano al tuyo. Porque lo único que me importaba era hacerte feliz, aunque yo me quedara en el intento. Y así ha sido.