Alguien dijo en alguna ocasión que el carácter de las personas se mide por la resitencia ante las tentaciones.
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22 de noviembre de 2011
20 de noviembre de 2011
18 de noviembre de 2011
15 de noviembre de 2011
13 de noviembre de 2011
¿Por qué no hacemos lo que realmente deseamos hacer?
Sí no me cabe duda de eso. Cada vez grito más en silencio, me desespero por dentro de ver cosas tan imposibles de masticar. No entiendo por qué se tiene que romper una relación de 2 personas que se quieren y se desean tanto. ¿No se trataba de eso? ¿De amar y desear? No entiendo por qué si queremos tanto a alguien y queremos decirle tantas cosas, no lo hacemos.
¿Por qué no hacemos lo que realmente deseamos hacer?
¿Por qué irnos cuando lo que realmente queremos hacer es quedarnos, por qué reir cuando lo que queremos es llorar, por qué decir no, cuándo realmente queremos decir SI, por qué colgar cuándo lo que más deseas es oir su voz? ¿Por qué negar lo qué tu corazón afirma con creces, por qué dañar a lo que realmente amas, por qué dar pasos atrás cuándo deseas llegar a la meta, por qué cerrar la puerta cuando lo que deseas es dejarla abierta?
Nunca pensé que el amor fuera tan contradictorio, es cierto que aveces yo tampoco hago lo que deseo hacer, hago lo que mi cuerpo me indica, si me dejo llevar por él y como que siempre me deja con el culo al aire, como se suele decir. Hay muchas veces que el amor nos perjudica muy seriamente la salud, nos hace estar decaíadas, el apetito desaparece, de repente aparecen dolores inexplicables...
Pensamos que nuestra vida era él, pero obviamos algo imprescindible alomejor para él no era así y evidenciarse de eso es complicado y más cuando alomejor aparece una tercera persona. Desaparecen los valores de la sinceridad, de la valentía, del respeto, definitivamente del amor y a nosotras se nos cae el telón de nuestro particular cuento de hadas. Existen cuentos de hadas si, pero con finales cuyos destinos nunca están escritos, aunque lleves más de una vida con esa persona. No darte cuenta de la realidad que vives e intentar resucitar relaciones muertas no hacen más que crear un vicio sucio y absurdo. El amor no es la persona de la que te enamoras, son los sentimientos que esa persona, puede llegar a ofrecerte. Es fácil desligarse de unos sentimientos sí, pero de una persona no. Enamórate de lo que te ofrece no de la persona. El problema comienza cuando pensamos a la inversa Lucha por ese amor que sólo te corresponde a ti, y hazlo por amor, no por necesidad de sentirte amada.
Mirar que cosita más bonita...
8 de noviembre de 2011
La historia de Peggy
La noche que conocí a Baird, era absolutamente la primera vez que
salía a bailar sin pareja. Mi amiga y yo habíamos ido de compras. Ella se
compró un atuendo completo -pantalones, blusa, zapatos nuevos- y quería
ponérselos y salir. Entonces fuimos a una discoteca de la que ambas habíamos
oído hablar. Algunos hombres de negocios que no eran de la ciudad nos invitaron
con unos tragos y bailaron con nosotras, y estaba bien... algo amistoso, pero
no excitante. Entonces vi a ese sujeto junto a la pared. Era muy alto, muy
delgado, estaba increíblemente bien vestido y era muy buen mozo. Recuerdo que me
dije: "Ese es el hombre más elegante y arrogante que yo haya visto."
Y luego: " ¡Apuesto a que podría entusiasmarlo!"
Incidentalmente, aún recuerdo el momento en que conocí a mi primer
marido. Estábamos en la escuela secundaria y él estaba recostado contra la
pared en lugar de estar en clase, y entonces me dije: "Parece bastante
alocado. Apuesto a que yo podría ponerle los pies sobre la tierra." ¿Lo
ve? Yo siempre estaba tratando de arreglar las cosas. Bueno, me dirigí a Baird
y lo invité a bailar. Se sorprendió mucho y creo que también se sintió un poco
halagado. Bailamos un rato y después me dijo que él y sus amigos se marchaban a
otro sitio, y me preguntó si yo querría acompañarlos. Si bien la idea me
tentaba, respondí que no, que había ido allí a bailar y eso era todo lo que
quería hacer. Seguí bailando con los hombres de negocios y después de un rato
él volvió a invitarme a bailar. Y lo hicimos. Había muchísima gente allí. No
cabía un alfiler. Poco después, mi amiga y yo salíamos y él estaba sentado con
otra gente en una mesa ubicada en un rincón. Me hizo señas de que me acercara y
así lo hice. Me dijo: "Tienes mi número de teléfono en tu persona."
Yo no sabía de qué hablaba. Extendió la mano y sacó su tarjeta del bolsillo del
suéter que yo tenía puesto. Era de ésos que tienen un bolsillo grande en la
parte delantera, y él había puesto su tarjeta allí la segunda vez que volvimos
a la pista de baile. Yo estaba asombrada. No me había dado cuenta de que lo
había hecho. Y me encantaba saber que aquel hombre apuesto se había tomado ese
trabajo. Bueno, yo también le di mi tarjeta.
Me llamó unos días más tarde y fuimos a almorzar. Me miró con cierta
desaprobación cuando llegué. Mi automóvil era un poco viejo y de inmediato me
sentí inadecuada... y luego aliviada al ver que, de todos modos, almorzaría
conmigo. Estaba muy tieso y frío, y decidí que me correspondía a mí hacerlo
sentir cómodo, como si de alguna manera la culpa fuese mía. Sus padres irían a
visitarlo en la ciudad y no se llevaba bien con ellos. Recitó una larga lista
de reproches contra ellos, que a mí no me parecieron tan graves, pero traté de
escucharlo con compasión. Salí de ese almuerzo pensando que no tenía nada en
común con él. No la había pasado bien. Me había sentido incómoda y fuera de
equilibrio. Cuando me llamó dos días después y volvió a invitarme a salir, me
sentí aliviada. Si él lo había pasado lo suficientemente bien para
invitarme otra vez, entonces todo estaba bien.
En realidad, nunca estuvimos bien juntos. Siempre había algo que andaba
mal y yo trataba de enmendarlo. Me sentía muy tensa con él y los únicos buenos
momentos eran cuando la tensión disminuía un poco. Esa leve disminución de la
tensión pasaba por felicidad. Pero de alguna manera aún me atraía
poderosamente.
Sé que parece una locura, pero llegué a casarme con ese hombre sin que
siquiera me agradara. El quebró la relación varias veces antes de casarnos,
diciendo que conmigo no podía ser tal como era él. No puedo decir lo devastador
que era aquello. Yo le rogaba que me dijera qué necesitaba que yo hiciera para
sentirse más cómodo. El sólo respondía: "Tú sabes lo que tienes que
hacer." Pero yo no lo sabía. Casi me volví loca tratando de adivinarlo. De
todos modos, el matrimonio duró apenas dos meses. El se marchó para siempre después
de decirme lo infeliz que yo lo hacía, y nunca volví a verlo, salvo una que
otra vez por la calle. Siempre finge que no me conoce.
No sé cómo transmitir lo obsesionada que estaba con él. Cada vez que me dejaba me sentía
más atraída hacia él, no menos. Y cuando él volvía me decía que quería
lo que yo tenía para ofrecerle. Para mí no había nada como eso en todo el
mundo. Lo abrazaba y él lloraba y decía que había sido un tonto. Ese tipo de
escenas duraban una sola noche, y después todo comenzaba a desintegrarse otra
vez, y yo trataba con todas mis fuerzas de hacerlo feliz, para que no volviera
a marcharse. Cuando decidió terminar con el matrimonio, yo apenas funcionaba.
Era incapaz de trabajar o de hacer algo que no fuera sentarme, mecerme hacia
adelante y atrás y llorar. Me sentía como si estuviera muriendo. Tuve que
buscar ayuda para no volver a llamarlo, porque ansiaba que todo se solucionara,
pero sabía que no podría sobrevivir a otra vuelta en ese carrusel.
Mujeres que aman demasiado
27 de octubre de 2011
Soy una superviviente
Saber que algo te hace daño pero que sin embargo te hace sentir bien, ¿contradictorio no?
La vida aveces tan férrea, no deja opciones a... como si quisieses decir o hacer una cosa pero llega "algo" y te para los pies. Qué sensación de no ser tú..., dónde parece que el dolor ha nacido para entenderlo sólo tú, nadie más y sobre todo para sobrevivir a él.
Esto ya lo he sentido sí, y estas palabras ya las he escrito, pero me vuelvo a sentir así. Sé que no es bueno para mí aunque creo que puede llegar a serlo, qué díficil y tan fácil a la vez.
Una chica muy sabia me dice muy a menudo; tu eres una chica muy fuerte, tu has salido de muchas, tienes una fortaleza y un control sobre ti misma increíble ERES UNA SUPERVIVIENTE, en ese mismo instante dejo de hacer lo que estaba haciéndo, la miro y pienso ¿será cierto lo que dice? , pero agacho la cabeza como si me tuviera que avergonzar de algo y me pregunto ¿dónde se quedó esa fuerza? Entonces intento recordar cuando he sido muy débil y muchas cosas se han apoderado de mi, lo recuerdo y no me reconozco. Ya que llegué a hacer cosas tan inmorales hacia mi misma.
Como ahora, ya que soy capaz de vender mi cuerpo, mi alma... si, como en ciertas ocasiones. No valoré mi vida. No me cuidé, no me respeté, me vendí sin preguntarle antes a mi cuerpo si quería ser vendido.
Mi cuerpo, mi alma, se sigue cuestionándo qué es lo que hacen mal, pero yo sigo sin saber que contestarle.
Supongo que tendré que ponerle fin a ese maltrato. Que yo sigo permitiéndo.
Cuando no ves la salida a tu problema quieres verlo a tu manera, y aveces a tu manera no es la correcta. Cada entrada tiene su salida, pero la desesperación de no encontrarla a tiempo puede producir mucho daño.Paciencia que divina virtud... y que poco la pongo en práctica...
Muchas veces he encontrado la salida, no me preguntéis cómo, pero he tenido el placer de conocerla. Es una sensación tan rara, como si tuvieras que atravesar por un largo puente, que sabes que está en muy mal estado. Tienes miedo de caer, de no llegar, de volver a empezar desde 0, incluso piensas en no cruzarlo por si caes... pero cuando lo cruzas, no te arrepientes de haberlo hecho. Es más volverías a cruzarlo con tal de sentir esa sensación de felicidad.
Paciencia que divina virtud... y que poco se pone en práctica...
Va dedicado a ti, a esa persona tan sabia que cree que soy una superviviente. Gracias por todo lo que estás haciéndo por mi.
25 de octubre de 2011
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