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27 de marzo de 2013

El sabor dulce del dolor/ The sweet of the pain








Siempre fui el segundo plato, la secundaria del cuento, la que alababa los logros de los demás por encima de los míos. La que se escondía entre la multitud, para así no poder ser reconocida. Esa chica con una sonrisa a medias, a medias por no saber despegar, por miedo o, por saber  perfectamente lo que significaba continuamente fracasar.

No sé por qué, pero siempre he pensado que habían cosas imposibles para mí, cosas que nunca llegaría a alcanzar. Pero un día comienzas a darte cuenta, de que pierdes más el tiempo en decir no puedo, que en levantarte e intentarlo. Que cuando lo intentas y consigues más de lo que en un principio hubieras imaginado, es cuando comienzas a valorar lo que un día tanto despreciabas, a ti misma.

La vida nunca deja de enseñarte, de asombrarte. No hay nada como superar retos, y pasar ante ellos con orgullo queriéndote por ello. Porque si, a mis 27 años estoy comenzando a saber lo que es eso, y no sé como no aprendí a hacerlo antes, porque es tan gratificante.

No hay nada que no puedas realizar, nada. Aunque el dolor y el miedo congelen las pocas fuerzas que te quedan. Deja que actúen, deja que hagan su trabajo, que cuando terminen  ya podrás comenzar a hacer el tuyo.

No todo lo bueno tiene su final, también lo malo. El secreto radica en no intentar  encontrarle un por qué, ni impacientarte porque que llegue a su fin. 

Sin darte cuenta, y tras un largo y costoso trayecto es cuando comienzas a conocer, lo dulce del dolor.

Cuando empiezas a apreciar y a saborear ese sabor, es cuando comienzas a vivir. Cuando comienzas a darte cuenta de que no era tan agridulce como aparentaba desde fuera y como se comenzaba a apreciar en un principio. Es cuando le das la mano al dolor. Cuando el dolor comienza a formar parte de tu vida, pero no de una forma negativa, sino positiva.

Sin duda esa es la actitud.






I always felt like the second choice,and never felt like the main character. I always praised the achievements of  other people over mine. I have always felt like a shadow hiding in the crowd,so as not to be noticed and recognised. A girl with a half smile, because this girl was afraid to shine. Maybe  she was fearful, or because she had experienced continuously what it felt to fail.

I dont know why, but I always felt a lot of things were impossible  for me to achieve,and felt many things were impossible for me. However one day I realised that  you lose time contemplating and saying  I cant, instead of actually being bold and trying it. When you eventually try it you discover that what you found impossible was possible, after all and you discover you gain more on that one day than you would have ever  imagined, and from that day on you regret not having the confidence in the beginning.

Life never fails to amaze and teach you. It is amazing to complete challenges and be proud and loving yourself for your achievement. You realise that the notion of things are impossible does not exist anymore. Because in my 27 years of life I am starting  to realise that nothing is impossible, so much so I am saddened I never  believed this earlier  the feeling of achievement is the most rewarding feeling ever.

There is nothing that you can not do, nothing. Although fear and pain, paralyze your strengths and your will to live,and  will to fight. Let it do it, let it they do their work, because when they finish, you will able start your work.

All good things havent your end, all bad things, also. The secret comes in to be able try not find it a why. and dont lose the patiente. The end will come. After all the obstacles and  hardship you endured, you will start to know the sweet of pain


When you start to appreciate and savor the taste, is when you start to live. When you start to realize that it was not so bittersweet as it appeared from the out. It is when you give the hand at pain. When the pain starts to form part of your life, but not in a negative way, but rather positive. 
Without doubt this is the attitude.





3 de febrero de 2013

La pendiente




Hay veces que tienes que atravesar ciertas metas, para así  poder evaluar de una mejor manera, el camino que has tenido que recorrer, hasta llegar a ella. Una vez pasada esa línea, comienzas a darte cuenta de que esos obstáculos que te imposibilitaban a tomar esa decisión, sólo fueron un cúmulo de casualidades originadas y a la vez mal estructuradas por tu mente. 
Sólo piensas en esos intentos de abandono, en esos momentos de aislamiento absoluto, donde llorar o quejarse te sirve de bien poco. 
Esos momentos en el que tu propio aliento se convierte en tu sombra, y a la vez en tu única compañía.

Por muy dura que resulte ser la elevación de esa pendiente y por muy sola que te encuentres; a pesar de no tener el viento a tu favor, ni el valor suficiente de emprender el camino. Nunca podrás hacerte una  idea, de la cantidad de cosas maravillosas que esconde la parte más dolorosa de dicha pendiente.

Un vez superada la primera pendiente, todo huele de diferente forma. Tus piernas se enfrentan a tus miedos,  y comienzas a disfrutar, dejando un poco de lado al dolor.
Te das la vuelta y es cuando comienzas a valorar el camino ya recorrido.  Dándote cuenta de que aquellas cosas que echabas tanto en falta, no te hacen falta para superar ningún obstáculo. Te das cuenta de que no hay nada imposible, que todo sufrimiento trae consigo su triunfo.

Es imposible saborear el placer de haber alcanzado la cumbre, sin tropezar antes con la contrariedad de las pendientes.
Cada zancada suponía un viaje a lo desconocido, una nueva oportunidad de desechar todo aquello que pesaba de más para los demás, cuando para ti dicha carga carecía de valor numérico.


Mirando hacia adelante, es cuando comienzas a darte cuenta de que nunca habrán pendientes ni miedos suficientes, que consigan paralizar tu lucha, ni esa sensación  tan hermosa de que puedes conseguirlo, por ti sola.

25 de marzo de 2012

El dilema de lo no tangible








En los días de lluvia como los de hoy es cuándo una cierta melancolía atrapa mi mente.
He de decir que no me gusta la lluvia, sólo cuando sus gotas son de la misma magnitud que mis lamentos. Esa sensación, ese ruido..., me otorga una cierta compañía entre tanto silencio que da de sí mi soledad.
Pero aún así, sigue sin convencerme del todo los días en los que pasa un coche a tu lado, conducido a gran velocidad y te salpica entera, en los que ves ensuciar los critales de tu casa, los mismos que el día anterior limpiaste con tanto esmero, en los que las miradas al cielo no cesan, y en los que la cantidad de cosas que puedes realizar en un día normal, se ve reducido a la mitad.

Hoy ha sido el día de mi regreso,  intento escaparme lo poco que puedo para enfundarme con mi gente. Esos pequeños ratos, son los que me hacen crecer y me hacen entender un poco más, el sentido de mi vida. Sigue siendo el escalón más alto de mi pirámide, el más inquebrantable, al que más tiempo dedico.
Me encantan esos momentos en los que un simple abrazo dice más que cualquier intento de ánimo. Me encanta rozar mi nariz con la de la persona que quiero, hasta conseguir acercarme a sus labios. Me encanta que me intimiden con la mirada, que me dejen sin saber que decir... No sé que haría sin esos pequeños momentos...

Por fin, la lluvia ha cesado en su intento de fastidiar mi día, no es que se vea el sol en todo su esplendor, pero poco a poco las nubes se van dividiéndo. No sólo es por la lluvia por lo que estoy así de tenue. 
Hay veces que crees haber conseguido algo y de repente te toca dar pasos atrás en esa pequeña búsqueda de la felicidad. Porque sí, es mi pequeño desafío personal.  


De repente oí un chasquido de llaves, y veo asomar tu carita por la puerta. Pero es tan grande eso que siento por ti, que me ruborizo al verte, sin poder seguir tu mirada.
Tu saludo llega a ser como un pequeño aliento, tu cercanía mi calmante, y tu intento por animarme lo mejor del día.
 Sé que tengo un defecto y del que me siento super orgullosa, nunca hay que sentir apatía por esas cosas que nos hacen tropezar.
 Doy mi vida al que se enamore de ella, y creo que es por el poco aprecio que nos tenemos ella y yo. Pero la experiencia nos hace sabios, o eso creo. Intento que mi desafío sea el ruborizarme con gente que tiemble al verme.
Pero supongo que aveces uno no siempre tiene lo que desea o imagina. Lo intengible debe pasar a un segundo plano, aunque sea lo más preciado ya que suele ser lo inalcanzable. Y no estamos para pensar en cosas utópicas, sino en cosas cercanas, cosas que nos hagan sentir, sea dolor o bienestar.
 Pero figuras de cuadro de pared, ¡no! Y digo esto porque después de intentar sacarme una sonrisa, no tardé ni un segundo en perderte de vista. Ahí estaba en el sofá, de nuevo con la misma rutina, siendo la lluvia y el silencio mis únicas compañías.
Sino tiemblas al verme, sino me miras cuando mis ojos llevan escrito más de lo que cualquiera pudiera darte, sino haces el mínimo intento de cogerme cuando ves que me caigo, sino echas de menos ni mis más absurdas tonterías. No vuelvas a pasar por esa puerta, aunque cada vez que la vea desee oir ese chasquido, aunque baje el volúmen de la televisión para cerciorarme de que es tu moto la que acaba de ser aparcada. Prefiero lo tangible, lo perceptible. No quiero más días de lluvia, quiero ver llover y no sentirme quebrantada, porque no es la lluvia, soy yo cuando te veo y no te veo a la vez.